viernes, 3 de abril de 2009

Presentan actividades de la Feria del atole en Tarecuato

Morelia Mich., 29 de marzo de 2009.- Con el objetivo de mantener vivas y darle difusión al vasto repertorio de tradiciones de los pueblos indígenas de Michoacán se presentan las actividades que se llevarán a cabo para celebrar la Maiápita, o Feria del atole, el próximo 4 de abril en la tenencia de Tarecuato, municipio de Tangamandapio.

En conferencia de prensa donde asistieron las candidatas a reina de la feria, las autoridades comunales y los integrantes de la Comisión Interinstitucional para la cultura de los Pueblos Indígenas de Michoacán el jefe de tenencia Magdaleno Manzo Victoriano, realizó una invitación al turismo local, estatal y nacional para asistir a esta celebración que dijo tiene una tradición de más de cinco siglos.

Reunidos en el museo regional del estado, Manzo Victoriano agradeció el apoyo que la Comisión ha dado para la difusión de este tradicional tianguis en su edición veintinueve de manera oficial. Para esta ocasión se prevé que serán 5 mil litros de atole de catorce tipos diferentes los serán expuestos, además de los platillos tradicionales de la región y las ya famosas artesanías Michoacanas.

Cabe señalar que la comisión Interinstitucional para la Cultura de los Pueblos Indígenas de Michoacán se encuentra conformada por instituciones como la Secretaría de Salud de Michoacán, el IMSS, la Secretaría de Política Social, la Secretaría de la Mujer, la Secretaría de Cultura, el Ayuntamiento Municipal de Morelia, el Centro de Investigación de la Cultura Purépecha de la UMSNH, Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Culturas Populares además de la Dirección de Educación Indígena de la SEE. El objetivo de esta Comisión es apoyar la difusión y respeto de la diversidad cultural de los pueblos indígenas del Estado de Michoacán, contribuyendo en la promoción del diálogo intercultural.

“La Maiapita”:

La feria del atole es famosa debido a que año con año se celebra en honor a San Francisco en la víspera de semana santa.

Como parte de la diversidad de tradiciones de los pueblos originarios de Michoacán se presenta en la víspera de la celebración de la semana mayor el culto al alimento ancestral de los pueblos mesoamericanos; el maíz, el alimento de los dioses.

En la tradición de Tarecuato, la “Maiápita”, no solo es la elaboración y venta de atoles, tiene un significado más profundo ligado al rito, la naturaleza, la familia, la comunidad así como a los tiempos primordiales. En la maiápita, la relación es afectiva, y tiene que ver más con los vínculos de reafirmación de la identidad que con el comercio.

Los atoles son una expresión de festividad y de ritual de la gastronomía local basada en el maíz; cereal que liga a Tarecuato con la tradición alimentaria mesoamericana.

Desde tiempos inmemoriales, Tarecuato elabora atoles salados y dulces, agrios y picosos; el visitante puede degustar alrededor de catorce sabores reconocidos como tradicionales, unos de fruta, otros de legumbres, y otros más de cortezas y hojas aromáticas.

Tradicionalmente el atole, forma parte de los momentos relevantes del ciclo de vida del purépecha; esta bebida hace su aparición en el nacimiento, como alimento de la madre y se obsequia en el bautismo; en la fuga de la novia y el perdón, se ofrece a los padres de la joven raptada, y también forma parte de la fiesta de la boda. Igualmente se bebe atole como parte del evento ceremonial, donde se da nombramiento de cargueros que son los responsables de realizar los vénetos tradicionales, no puede faltar en los velorios ni tampoco en la espera de las ánimas.

Siguiendo la tradición, toda la familia participa en la preparación de los atoles; desde quien cultiva y cosecha el maíz, las frutas, las legumbres, y las hojas aromáticas, hasta el proveedor de la leña para las paranguas, el niño que corre por el piloncillo, y quien propiamente prepara la bebida.

La maiápita entonces, tiene que ver con el trueque y/o intercambio. En este contexto el vocablo maiápita hace alusión al tianguis como intercambio de productos de un espacio abierto que rebasa los límites comunitarios, recreando la añeja tradición, donde los atoles de Tarecuato satisfacían el hambre y la sed de caminantes y de arrieros y al mismo tiempo se convertía en un momento de convivencia comunitaria.

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