De esta manera, detalla Azevedo Salomao, “la autora entiende que la transformación de las zonas fronterizas se intensifica en los periodos de formación de las estructuras institucionales; por lo tanto, consideró que el oriente del Obispado de Michoacán en el siglo XVI constituyó un espacio y tiempo de frontera. Asimismo como espacio de frontera, fue un territorio sumamente cambiante y elástico, en constante transformación”.
La investigación aborda el espacio en los niveles de territorio y asentamientos humanos, para lo cual se seleccionaron cinco asentamientos representativos del área: Ucareo, Maravatío, Taximaroa (actualmente Ciudad Hidalgo), Zitácuaro y Tlalpujahua. El espacio se concibe como una construcción social; por lo tanto, los aspectos morfológicos son resultado de procesos sociales interrelacionados con los aspectos físicos del medio ambiente natural.
Para entender lo que pasó en el siglo XVI, la autora se remite a los antecedentes mesoamericanos. Esta visión de larga duración dirige al lector a la nueva historiografía, en la cual el diálogo entre los tiempos y el análisis contextual se acerca a la escuela francesa de los Annales. Se percibe en la obra el uso de las fuentes documentales, archivísticas, bibliográficas, pero fundamentalmente a la cartográfica, cuya lectura incorpora el trabajo de Teresita Fernández en esta línea de la revolución historiográfica surgida en el siglo XX que tiene como protagonistas a los maestros franceses como Lucien Fevbre, Marc Bloch, Braudel, entre otros.
Además de la cartografía histórica, la obra presenta interpretaciones plasmadas en una serie de reconstrucciones gráficas, que complementan y aclaran las diversas etapas de la evolución morfológica del territorio y de los asentamientos humanos seleccionados.
La formación de la autora en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en sus estudios de licenciatura y maestría, es un antecedente importante para entender su manera de hacer historia del espacio habitable. Se observa claramente la huella de Carlos Chanfón Olmos, quien compartió una nueva visión historiográfica y la esparció en sus alumnos y colaboradores en varias instituciones de la provincia mexicana como la institución mencionada. Es así que Eugenia María Azevedo Salomao y otros profesores del posgrado nicolaíta tuvieron un acercamiento muy grande con el doctor en arquitectura Carlos Chanfón, y la propia autora, en sus estudios de licenciatura y maestría, fue partícipe de las ideas de hacer una nueva historia de la arquitectura y urbanismo mexicanos.
Dicho trabajo además de esta característica, constituida por una distinta comprensión del espacio habitable y los aspectos morfológicos, apunta hacia una serie de elementos de análisis y hace una contextualización histórica amena, permitiendo de manera clara, la comprensión del fenómeno en estudio, enmarcándolo en lo económico y socio-cultural.
Otro aspecto que merece resaltarse en el libro, es su carácter didáctico, por lo que la investigación llega a manos del lector con un lenguaje claro y metodológicamente de fácil comprensión para expertos, estudiantes y ciudadanos interesados en el tema de la historia regional del espacio habitable.
En cuanto a la estructura, la obra tiene tres capítulos. El primero relacionado con los antecedentes mesoamericanos, que sirve como marco contextualizador de cómo se da la apropiación del espacio de frontera en esta temporalidad.
Un segundo capítulo versa sobre el momento de encuentro de los dos universos culturales –el mesoamericano y el europeo–español, en el cual explica el proceso de delimitación geopolítica de la frontera oriente entre el obispado de Michoacán y el arzobispado de México y se observa el papel de las instituciones civiles y religiosas en el proceso de reorganización del territorio.
En el tercer capítulo se plasman las reconstrucciones hipotéticas de la estructura física de los asentamientos humanos seleccionados como producto de los procesos sociales y de acuerdo a las particularidades físico-geográficas del lugar. En la introducción se presentan con claridad los objetivos del trabajo, una interesante revisión del estado del arte y el marco teórico-conceptual y metodológico que enmarca la investigación. En las reflexiones finales se comentan los resultados obtenidos y se reafirma el carácter elástico y cambiante de un territorio de frontera como el estudiado.
En este libro, el espacio construido es visto como documento que posee un pasado, pero a diferencia de los hechos históricos, tiene un presente coexistente y todas las posibilidades de continuación, transformando como materia y como esquema, al tenor de la vida de los seres humanos que lo habitan y lo construyen. De este modo, es un testigo que sigue en proceso, desarrollando y registrando cada momento presente, cuyos testimonios son de varios pasados y de un presente, y muchas veces como un proyecto inacabado; esta característica del espacio, por su estratigrafía permite deshojar su pasado y los hechos ocurridos en la forma física pero también en lo social.

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